Villa Carmen, un Edén en el distrito de Kosñipata Destacado

Panchito Llacma recuerda muy bien el momento. Iba a cerrar la cocina de la Estación Biológica de Villa Carmen, su feudo desde hace mucho en estos bosques de Kosñipata tan llenos de vida, cuando una señorita, la más educada del grupo de estudiantes de los Estados Unidos que los visitaba desde hacía varios días, se acercó con el plato que había usado en la cena y le pidió, con una gentileza conmovedora, permiso para lavarlo.

El turismo de naturaleza es una alternativa de desarrollo en las distintas regiones del Perú. En las selvas de los departamentos de Cusco y Madre de Dios las reconocidas estaciones biológicas de Conservación Amazónica – ACCA–manejadas ahora por Amazon Journeys, una agencia operadora- se han puesto a la vanguardia de un tipo de turismo que cada día gana más adeptos

Panchito, chumbivilcano de armas tomar, es un hombre duro y sabe muy bien su oficio. Desde hace más de quince años trabaja en las estaciones de Acca haciendo lo que más le gusta: cocinar para los viajeros que llegan de todas partes del mundo, pero esa muchachita, tan aplicada y solícita, tan educada, me lo comentó, lo conmovió.

Podría ser mi hija, llegó a pensar.

Al día siguiente el rumor había tomado por asalto las instalaciones de la ex hacienda Villa Carmen. En el grupo de gringos que estaban atendiendo se encontraba Malia Obama, la hija del presidente de la nación más poderosa de la tierra.

“Era ella, la altota”, me termina de contar. “Fue ella la que entró a mi cocina a utilizar mi fregadero. Hasta ahora no lo puedo creer”.

Vivir en el paraíso

Villa Carmen, la estación biológica que administra Conservación Amazónica-ACCA en las proximidades de Pilcopata, la capital política del distrito de Kosñipata, en Paucartambo, fue hasta no hace mucho un fundo ganadero en el que su propietario, el ingeniero Abel Muñiz, un profesional muy recordado en toda la región, se dedicó con afán a las más inverosímiles hazañas productivas.

En su hacienda de más de tres mil hectáreas Muñiz, ganadero, agricultor, pionero de la aviación comercial, cultivó hortalizas, piñas, peces poco consumidos hasta entonces en la región como el paco, el sábalo y la tilapia, camarones gigantes de Malasia que llegó a comercializar en los exigentes mercados de Cusco y Madre de Dios, de todo.

A su muerte, a finales del año 2008, su viuda decidió ceder el predio de 3066 hectáreas a Acca confiando en que la oenegé conservacionista perpetuaría el legado de su esposo, un hombre que amó y defendió como nadie los bosques que se extienden entre los ríos Piñi-Piñi y Pilcopata, en las cercanías del Parque Nacional Manu y la Reserva Comunal Amarakaeri.

Y así ha sido.

En el fundo que fuera de los Muñiz, ACCA ha construido un albergue fantástico y una de las estaciones biológicas más espléndidas de la Amazonía peruana.

Llegar a esta región calurosa, de caminos zigzagueantes y selvas frondosas y llenas de vida, resulta una provocación. También un acto de fe: en Lima y en las grandes ciudades se cree erróneamente que solo es en las llanuras boscosas –otra vez el Manu, Tambopata, Pacaya-Samiria- donde se pueden observar los especímenes de fauna que han hecho tan especial a la Amazonía que hemos ido construyendo en nuestra imaginación.

Olvidamos, o simplemente no sabemos, que es en las yungas –la selva alta de los textos del ilustre Javier Pulgar Vidal- y en sus bosques de neblina donde la vida natural se expresa de mejor manera en sus infinitas formas. En Villa Carmen, una propiedad estratégicamente ubicada que se extiende desde los 550 msnm hasta los 1200 metros es posible verlo todo: desde guacamayos de colores inverosímiles hasta osos de anteojos de pasos trepidantes y belleza absoluta.

En este Edén natural, se llevan registradas 472 especies de aves, 43 de anfibios, 45 de reptiles; 69 especies de mamíferos –desde monos ardillas hasta portentosos jaguares-, 493 especies de insectos y una variedad bastante amplia de plantas y árboles de todos los linajes: desde ceticos y bambús de altura –pacas en la nomenclatura local- hasta shihuahuacos y lupunas gigantescas.

El reino de la naturaleza en toda su espectacularidad.

Un aula abierta en la selva de Kosñipata

Realizadas las mejoras y adaptaciones del caso, el fundo Villa Carmen, según algunos estudiosos de la historia de Kosñipata, propiedad primigenia de la ñusta Isabel Chimpu Ocllo, madre del Inca Garcilaso de la Vega, se convirtió en el año 2010 en una estación biológica especialmente ambientada para recibir estudiantes e investigadores de todo el mundo.

Su biblioteca científica que incluye excelentes guías de campo para observar la biodiversidad existente, su amplio laboratorio y sus 44 kilómetros de trochas que se introducen en los bosques ribereños y de colinas, en sus asociaciones de bambú y en el tinglado de arroyos, ríos, cascadas y áreas de cultivo que conforman la propiedad se convirtieron de inmediato en un certero imán para el arribo de amantes de la ciencia interesados en entender la vida que late en la Amazonía virginal del valle de Kosñipata y el Manu.

Sin embargo, como apunta Ronald Catpo, director de Áreas de Conservación de ACCA, “nuestras tres estaciones son también lugares del Perú que se pueden conocer y gozar con nuestros hijos. En los jardines y bosques de Villa Carmen, por ejemplo, uno se puede sentir Indiana Jones…”

Tiene razón. Indiana Jones y si se quiere Robinson Crusoe. Escoja usted.

En los jardines y senderos que nacen al pie del comedor que regenta Panchito Llacma, experto en elaborar riquísimos potajes con los insumos que crecen en la huerta orgánica de Villa Carmen, acabo de ser inmensamente feliz. Mi cabaña, magnífica y provista de todas las comodidades del caso, cuyos ventanales me permitían observar la intensa actividad en una simpática cocha poblada de shanshos y garzas de todos los tamaños, fue mi refugio por varios días.

Aproveché el tiempo para leer, meditar, descansar y conversar con los investigadores que volvían “a casa” después de sus largas jornadas de trabajo con mil historias que contar.

Una mañana, mientras me solazaba con el vuelo y los graznidos de los dos guacamayos que se han quedado a vivir sobre los aguajes de Villa Carmen, pude observar, sigiloso y salvaje, el paso de un manco o tayra (Eira barbara), un mamífero omnívoro que aterroriza a aves, roedores y monos y que habita las selvas espesas de nuestro continente.

En la tarde de ese mismo día, antes de visitar el fuselaje de una avioneta de Aero Manu, la extinta compañía de aviación del difunto Abel Muñiz, perdida entre el follaje y la selva y tomarme mil fotos sintiéndome Lost of The Jungle, pesqué en frente a mi cabaña un paco de proporciones inimaginables, para mí, que fue a parar a los territorios del buen Panchito, para beneplácito de los comensales de esa noche.

La patarashca de paco que prepara Llacma y sus espaguetis en salsa de sachaculantro no los olvidaré nunca.

Tampoco los días que pasé en Villa Carmen, una joya del bien estar muy recomendable.

Buen viaje.

Por: Wili Reaño
Fotos: Conservación Amazónica/ACCA
INFOTUR PERÚ

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Modificado por última vez en Domingo, 05 Agosto 2018 10:33

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