Bodega El Huarango: Piscos con P de patria Destacado

Las situaciones pueden interpretarse siempre de distintas maneras, por lo que suele decirse con razón que todo depende del cristal con que se mire. Incluso, se dan casos en los que se analizan, discuten y hasta se contradicen las versiones de parte de los protagonistas de determinados sucesos, por considerarlos un intento desesperado por falsear la realidad o de dorar la píldora.

Entre buenos piscos y vinos, menciones patrióticas y ‘experimentos médicos’, el autor nos cuenta su experiencia en la bodega El Huarango de Ica, una interesante alternativa para descubrir las raíces vitivinícolas de un valle que verdea el desierto.

Vistas así las cosas estamos en la absoluta libertad de dudar y cuestionar los argumentos y razones expresadas por el personaje de esta historia, quien intentó justificar o relacionar su empeño y persistencia en demostrar que en la repetición se encuentra el gusto, con un acendrado amor por el país y un ansia desmedida de reivindicación patriótica.

Eso no es todo. También alega un supuesto interés médico-científico, en el que siguiendo el abnegado ejemplo del mártir Daniel Alcides Carrión, decidió experimentar en carne propia –o en garganta propia– un tratamiento que de ser eficaz acabaría para siempre con la tos y los resfríos que en esta época del año afectan a miles o millones de limeños.

Y aunque él jura por todos los santos que su última visita a Ica tuvo esas motivaciones, hay varios testigos que recuerdan, afirman, puntualizan que ni antes ni después de probar los piscos acholados, quebrantas, Italia puros y moscatel que se preparan con paciencia artesanal en la bodega El Huarango, se escuchó alguna arenga patriótica o comentario que reafirmara la peruanidad del fino destilado de uva.

Todos coinciden al señalar que él estuvo calladito mientras le explicaban que el clima iqueño enriquece a las uvas pisqueras. Su mutismo se mantendría frente a la falca de 350 años que fue una de las primeras utilizadas en la región, pero se convertiría en tos portentosa al llegar al lagar y su antigua e indestructible prensa de huarango, árbol que es orgullo de este valle, de este desierto.

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Fue en ese instante donde se le ocurrió experimentar con el pisco como remedio y respuesta a los males de la garganta y los bronquios. Al menos eso es lo que argumentó a manera de excusa, cuando ‘empinaba el codo’ con admirable constancia en la sala de degustación de la bodega, un espacio amplio y acogedor en el que le enseñaron a catar y saborear la bebida de bandera.

Allí, bajo la consigna de que el pisco de calidad no raspa la garganta ni atormenta el cuerpo con una demoledora resaca, empezaría a sentir una milagrosa mejoría. Cierta o falsa, su supuesta cura lo animaría a probar ‘por motivos medicinales’ una ráfaga de macerados y un innovador chilcanito con canela en el restaurante de una bodega en la que el buen sabor se prolonga a las ollas y los platos bien servidos.

Salud y provecho, también chapuzones refrescantes en la piscina de El Huarango, una renovada propuesta turística de pisco y vino, de sazón y relajo, de sosiego y quietud en las afueras de una ciudad que se entiende siempre con el sol y la arena, de un destino que atrae a familias y a aventureros, de una alternativa viajera ideal para las escapadas de fines de semana y los feriados largos.

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La historia de la sobremesa 

Hora de almuerzo. Seco con frijoles. Nuestro personaje, para variar, no dice nada ni hace referencia a su supuesta cruzada personal por aumentar el consumo per cápita de pisco en el Perú, como una manera de reivindicar a la noble espirituosa que hace poquito nomás, fuera etiquetada con el oprobioso nombre de aguardiente por algunos productores. Ellos, por hacer negocio, tiraron al tacho siglos de tradición.

Su mutismo gastronómico es la prueba contundente de que las motivaciones esgrimidas al principio de este texto, fueron absolutamente falaces y, a la vez, un desesperado intento de ocultar la verdadera razón de su afanosa degustación de las diferentes variedades de piscos y vinos que se elaboran en El Huarango, bajo el nombre comercial de La Posada del Marquez.

Tan fácil que era reconocer y admitir de buenas a primera que los tragos eran excelentes y que tomó más de uno por exigencias de su paladar. Develada y descubierta su mentira, olvidémonos de ese individuo y centrémonos en la animada tertulia de la sobremesa, un momento de corazones contentos en el que se narró una bien sazonada historia, a la que le agregaremos una copa de vino y un vals como telón de fondo. 

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Recordar. Retroceder el tiempo. Hace 50 años existían tres hoteles importantes en Ica: Las Dunas, el Mossone y la Posada del Sol que era grande, 25 hectáreas tenía. Muy bonito concurrido, era. Hasta presidentes se alojaron en sus habitaciones. También muchos artistas y equipos completos de futbolistas.

Pero el esplendor de la Posada despertaría la codicia de los delincuentes, los cuales, según parece, desarrollaron una perversa relación de afinidad y simpatía con ese hotel. Cuatro veces lo asaltaron. Miedo, temor, angustia. Huéspedes espantados. Adiós a los presidentes. Quién querría alojarse en un lugar que era algo así como la obsesión de los malhechores.

Pero eso no sería todo. Lo peor ocurriría en 1999, cuando el río lo inundaría todo. Un golpe duro, pero no el punto final de esta historia. Años después, los dueños del hotel El Huarango comprarían la propiedad con el propósito de crear una bodega artesanal y un restaurante (ambos en pleno funcionamiento), además de ofrecer el servicio de alojamiento en habitaciones totalmente renovadas.

Ese es el reto. Ese es el trabajo emprendido para que el sol vuelva a brillar en la vieja posada, que ya no es la obsesión de los delincuentes (así que vayan tranquilos) y donde el río ya no pierde su cauce.

Aquí y ahora lo único que podría desbordarse son las ganas de probar ese pisco o vinito que podría ‘asaltar’ una pizca de su buena conciencia, entonces, usted se excusará diciendo que todo lo hizo por la patria y por la salud, siempre salud en Ica.

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Infodatos

- La ruta: desde Lima por vía terrestre hasta Ica. Tiempo: 4 horas. Hay servicio de buses todos los días y a cada hora.

- La bodega: El Huarango comenzó a producir piscos y vinos en su propia bodega hace aproximadamente seis años. Al visitarla se aprecia una falca (especie de olla en la que se destila la uva) y un alambique antiguo, los cuales son utilizados en la preparación de los piscos. Resalta también la prensa de huarango. Se encuentra en la Prolongación Castrovirreyna, 1301, Los Patos, Ica. Más información en www.bodegaelhuarango.com

- Lo imperdible: visite la laguna de la Huacachina.

- La aventura: practique sandboarding (tabla de arena) y recorra el desierto en tubulares.

Qué traer: los vinos y piscos de El Huarango, además de las famosas tejas iqueñas.

- El descanso: pernocte en el hotel El Huarango, ubicado en una zona exclusiva en la que reina el silencio y la tranquilidad. Restaurante, bar, piscina y una atención dedicada y cordial lo harán sentir como en casa. Más información en www.huarangohotelica.pe/

Conozca más de la bodega El Huarango en www.bodegaelhuarango.com/

Texto y Fotos: Rolly Valdivia
INFOTUR PERÚ

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Modificado por última vez en Miércoles, 28 Junio 2017 11:42

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