Sacsamarca: relatos en un pueblo de piedra Destacado

Las palabras que hace solo unos minutos describían escenas de jolgorio, ahora develan situaciones dramáticas. De la algarabía al dolor. De las sonrisas compartidas al recuerdo que espanta. Las dos caras de una historia que se inicia cuando suenan las cuerdas del arpa y el violín, de un relato que empieza mientras las warmi galas bailan, giran, hacen vibrar sus tijeras bajo un cielo consternado de lluvia y granizo.

En la plaza sin cemento de una comunidad campesina, un hombre relata las costumbres de su pueblo. De pronto, acaso contagiado por la grisura del cielo, recuerda los años de violencia que se vivieron en Sacsamarca. Esta crónica se nutre de sus alegrías y tristezas, para presentar uno de los atractivos del circuito del Azogue de Huancavelica

Fue un cambio inesperado, como los saltos y los quiebres de las danzantes de tijeras, como el granizo fugaz que golpetea a la hora del almuerzo. Mesa larga, integradora, compartida. Trucha, papa sancochada, japchi y café de cebada. No hay caña ni alcohol, menos cerveza. "Aquí solo toman los que vienen de afuera cuando hay fiesta. Nosotros no, ¿Cómo cree?", pone cara de santito el señor Joaquín.

Un santito que miente con gracia, con candidez, digamos que hasta con cierta honestidad. Si hace un ratito nada más contaba que es costumbre que los comuneros se tomen sus traguitos, cuando bajan la cruz que está al frente, allá arriba, en la cumbre del cerro Espíritu -¿la ve?-, entonces, "nos picamos y somos unas balas"… ¿perdidas? "de todo hay, pues, de todo hay".

Ríe, se levanta el sombrero, señala un punto lejano. "Allí, cerquita a ese árbol, se caen algunos de los comuneros que vuelven con la cruz para la fiesta de mayo", discursea don Joaquín. Eso les pasa por borrachitos y sabidos. "Y es que cuando están con sus tragos -huascas, pues-, los varones persiguen a las damas y hacen el ademán de 'ordeñarlas'. Ellas se defienden, los botan, los alejan con espinas de chamiza".

"Eso ocurre todos los años", sentencia justo antes de que su risa se convierta en carcajada, convocando a uno de sus coterráneos. La conversación se renueva, se alarga, sobrevive a la agonía de las notas musicales y al final de las piruetas acrobáticamente danzarinas de las galas. Y aunque ya no golpetea el granizo, el cielo sigue apagado y mustio. Amenaza de tormenta en un pueblo de piedra, solo piedras, muchas piedras.

En la iglesia que está al lado de los tertuliantes, en las casas que se encuentran a solo unos cuantos pasos, en el puente que vuela sobre un río angosto a la vera del camino que viene de Huancavelica, la capital regional que acoge a la mayoría de los que nacieron en Sacsamarca. "Muchos se fueron, se escaparon por miedo. Los resistentes y los más fuertes nomás nos quedamos".

El señor Joaquín ya no ríe. Recordar lo entristece, pero quiere hacerlo. Necesita contar lo que ocurrió en aquellos tiempos inciertos, en esos años en el que "los terroristas lo malograron todo". Su paisano asiente, le da la razón, también es un sobreviviente. "El año 84 fue el peor. En esa esquina ejecutaron a nuestro presidente y tesorero. En la otra a un comunero. Nadie quería ser autoridad".

Aparecían de noche. En la oscuridad y en el amanecer perpetraban sus atrocidades. Después se esfumaban. "Hemos sufrido bastante y no había quien nos auxilie". Nadie los protegía. La violencia provenía de todos lados. Cuando se iban los senderistas, llegaban las Fuerzas Armadas. Ellos violentaban, reprimían, creaban zozobra entre la población. "Eran bien abusivos. No respetaban ni a las damas".

Ya no hay carcajadas. Tampoco risas. Joaquín y su amigo -quien también se llama Joaquín- se quedan en silencio. Tal vez por respeto a la memoria de los vecinos y amigos que perdieron la vida en los años de la violencia; quizás porque a pesar de aquellos sucesos trágicos, ellos resistieron, se quedaron, vencieron al miedo. Apostaron por la vida.

"Varios de los que se fueron son nuevamente comuneros", dice don Joaquín. "Somos como 500, aunque no todos viven aquí", agrega el otro Joaquín. Ellos se entienden, se complementan, juegan en pared y hasta da la impresión que quieren 'tontear' a su interlocutor, quien duda de que ambos tengan el mismo nombre. Resurgen las risas. "De verdacito", aseguran, insisten, ponen como testigo a otro paisano.

Dos Joaquínes en un pueblo de piedra en el que no hay vestigios arqueológicos prehispánicos. "El origen de Sacsamarca está relacionado a la mina de Santa Bárbara. Durante su explotación colonial, debió ser un lugar de descanso en el que se asentaron los españoles", explicaría despúes el arquitecto José Gabriel Ruiz de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Huancavelica.

Hoy, Santa Bárbara, la otrora afamada mina de mercurio, es el centro del llamado Circuito del Azogue, experiencia que incluye a Sacsamarca entre sus paradas. "Fundado en el siglo XVI, resaltan las viviendas construidas con piedra y teja andina, el puente colonial, la iglesia, la pequeña plaza de corte mestizo y su cementerio típico por sus lápidas y nichos del siglo XIX", se lee en el tríptico que promociona la ruta.

Solo eso. Todo lo demás se descubre estando allí, con los comuneros, con los músicos, con las danzantes, con los dos Joaquínes, quienes, en una tarde de cielo compungido –sin trago ni caña, menos con cerveza-, se animaron a abrir su memoria y sus corazones, un corazón que no es de piedra, como las centenarias paredes de una comunidad que venció al terror, porque los más fuertes y resistentes decidieron quedarse.

Infodatos

  • La ciudad: Huancavelica, la capital regional, se encuentra a 457 kilómetros de Lima (vía Huancayo). Hay transporte público todos los días (Tiempo de viaje: 12 horas). Altura: 3680 m.s.n.m.).
  • Sacsamarca: a 3,5 kilómetros de Huancavelica es accesible por vía terrestre. También existe un camino de herradura (3 kilómetros). Altura: 3780 m.s.m.m. Reconocimiento: desde el 2003 es Patrimonio Cultural de la Nación.
  • Circuito del Azogue: es una propuesta turística que tiene como eje principal a la mina Santa Bárbara, considerada 'la preciosa alhaja de la corona española' y, también, como 'la mina de la muerte'. Sus socavones proveían del mercurio (azogue) necesario para purificar la plata y el oro. Su explotación se inició en 1566 y se mantuvo operativa hasta la segunda mitad del siglo XX.
  • El circuito incluye a Sacsamarca, al poblado de Chaccllatacana, la iglesia colonial de Santa Bárbara y el mirado de Santa Bárbara.

*Agradecimiento al Gobierno Regional de Huancavelica y a la Dirección Regional de Comercio Exterior, Turismo y Artesanía de Huancavelcia (Dircetur) por el apoyo brindado para la realización de esta crónica.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
INFOTUR PERÚ

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Modificado por última vez en Viernes, 13 Abril 2018 11:54

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