Ica, a todo motor en el desierto Destacado

Venganza, fue por venganza, solo por venganza, insiste varias veces para no dejar dudas sobre la razón que impulsó a ese hombre malo; malo y perverso; malo, perverso y traicionero a perpetrar su felonía sin una pizca de remordimiento, a pesar de que él le había jurado -besándose los dedos e invocando a su santa madrecita- que por ahí no vamos a bajar, señora, quédese tranquila.

Mintió, descaradamente mintió y ella le estaba cantando sus cuatros verdades, bien entonaditas eso sí, para que él se arrepienta de su engaño y de la maniobra artera, inesperada y vertiginosa que la había dejado con el corazón y el Jesús en la boca. Quién sabe si después de su bien condimentado concierto, el vengativo-mentiroso-traicionero decidiera conducir su vida de otra manera.

Derechito, sin prisas ni cambios bruscos de dirección. Sí, así debería de manejar su existencia o al menos el tubular ese con el que anda dando brincos en las dunas, como sucedió hace un ratito nada más, cuando esa señora no le hablaba de venganzas ni de traiciones. Todo lo contrario, le pedía salerosa que fuera lentito y esquivara esas bajadas de infarto.

Juntito, arribita y al ladito de la Huacachina, el autor describe, recrea y adereza la experiencia aventurera de una señora que a bordo de un tubular invencible, retó las ondulaciones de las dunas, revelando que en Ica la diversión no conoce de edades. Es para toda la familia.

Y él respondía con un engañoso y falaz no se preocupe señora, lo que usted ordene, madrecita, despacito nomás iremos. Promesas imposibles cumplir porque él está ahí, detrás del volante, para hacer que los pasajeros –incluyendo a la asustadiza, pero también aguerrida veterana- salten, griten y se estremezcan mientras recorren raudamente las sinuosidades del desierto.

Velocidad y adrenalina en un oasis de aguas verdosas y dunas perfiladas por el viento. Eso es lo que buscaban los turistas, aunque en el fragor de la aventura varios lo olvidaron por completo y se animaron a pedirle un poquito de clemencia al conductor. Cosas que pasan, pero que nadie recordará al relatar su hazaña privada, su gesta particular.

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Incluso la señora que está segura de que todo fue una venganza por su negativa de descender la duna aferrada a una tabla de sandboard, describirá a sus vecinas, comadres y caseritas del mercado su osada travesía y, con el perdón de Diosito por su mentirilla piadosa, les dirá que demostrando su audacia y atrevimiento, en todo momento le exigió más velocidad al conductor.

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De su miedo ni una sola palabra. Esas ‘chismosas’ no tienen porque enterarse de ese pequeño contratiempo. Basta con que se mueran de envidia por el soleado fin de semana que vivió en Ica, donde no solo estuvo juntito y arribita de la laguna de la Huacachina, también se dio su tiempito para probar los pisquitos y los vinos que desde tiempo coloniales se elaboran en este valle.

Probar, solo probar, aunque igual las insidiosas de sus vecinas rumorearán que empinó el codo y terminó con resaca. Ay, las pobres no saben que el buen pisco no deja huellas. Al menos eso es lo que le explicaron cuando se tomaba fotos entre los alambiques centenarios y las botellas de acholado, quebranta y torontel que se producen artesanalmente en la bodega El Huarango.

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Pero como no quiere alimentar las venenosas lenguas de sus amigas, solo les hablará de las dunas resplandecientes de sol, del tubular ruidoso que juguetea con la arena y de ese conductor malo, traidor y vengativo que la dejó con el Jesús en la boca; y, bueno, debe de admitirlo, también con una extraña sensación de aventura y libertad que jamás había sentido, que jamás olvidará.

InfoDatos

- La ruta: Desde Lima por la Panamericana Sur. Distancia: 304 kilómetros. Buses: Todos los días y en diversos horarios. Tiempo: 5 horas.

- El oasis: Huacachina se encuentra a 5 kilómetros del centro de Ica. En la zona hay restaurantes, bares y hoteles. En este destino se practica sandboarding (tabla de arena) y se alquilan botes para navegar por la laguna.

- Descanso: Plácida estadía en el hotel El Huarango. Localizado en La Angostura, zona exclusiva en la que prima la tranquilidad, ofrece a sus huéspedes piscina, restaurante, bar, trattoria y amplias habitaciones para compartir en pareja o en familia. Más detalles en www.huarangohotelica.pe

- Buen provecho: En el restaurante de la bodega El Huarango, donde, después de conocer los secretos del pisco y de probar las diversas variedades de nuestra bebida de bandera, degustará de excelentes platillos en un ambiente en el que prima la tranquilidad y el aire puro. Mayor información en www.bodegaelhuarango.com.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
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Modificado por última vez en Miércoles, 28 Junio 2017 11:43

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