Tunanmarca: hallazgo bajo la lluvia Destacado

'No, no es casualidad', sentencia antes de argumentar que no es la primera vez, que ya le ha pasado antes, aquí y allá y, por qué no, podría ocurrirle también en el más allá, aunque ese destino mejor ni mencionarlo cuando no existe ninguna madera para tocar, porque hacer 'contra' con las manos puede ser insuficiente en el momento de driblear a las maldiciones o de escapar de la pelona.

Eso no lo dijo, pero lo pensó. Lo sabemos porque lo conocemos muy bien, lo conocemos desde siempre. Tanto así, que varias veces lo hemos escuchado espetar un furibundo 'a otro perro con ese hueso', cuando le han tratado de explicar que todo es culpa del clima serrano, caprichoso, berrinchudo y tan poco fiable como las promesas de un político en campaña o los juramentos de amor de un bien trajeado Casanova.

Pero es terco e insiste que no es casualidad. Ya lo ha visto y vivido antes en las faldas de las montañas sagradas o en las cercanías de varios complejos arqueológicos de distintas épocas y culturas. Por eso no apela al azar para justificar esa lluvia sin pronóstico que se desata justo ahora, empapando sus pasos exploratorios hacia Tunanmarca, la poco conocida y apenas investigada capital de los xauxas.

Es curioso, hace solo unos minutos el sol resplandecía en el centro de Jauja (Junín). También irradiaba vitalidad en Inca Corral, donde aún serpentea y se proyecta triunfante hacia el horizonte, un trazo ancho del Qhapaq Ñan, esa vía ancestral que por desidia o falta de conciencia es atacada, destruida o convertida en carretera en distintas regiones de una nación que sufre de amnesia y parece decidida a destruir su pasado.

Y eso tampoco es casualidad. Eso es lo que sucede aquí, en Inca Corral (anexo El Tingo, Acolla), al lado de la carretera que conduce a Tarma, con sus flores y sus rezos al Señor de Muruhuay. Antes fue un tambo, refiere Raúl La Rosa Manyari, un guía y promotor turístico que abandonó la grisura y el caos de Lima, para asentarse bajo el cielo brillante y de tonalidades vivaces de Jauja, la tierra de sus ancestros.

Pero ese cielo diáfano y de nubes esponjosas, a veces se ensombrece y se encoleriza. Lo sabe Raúl y también el personaje que conocemos desde siempre, quien –estamos seguro– habría apoyado aquello de la casualidad si la lluvia se anunciaba y se convertía en refrescante realidad en las orillas de la laguna de Paca –cultivos de papa, parihuanas y botes dormidos– o cuando deambulaba por el pacífico entramado urbano de Jauja.

Puro solcito rico en esos lugares y en Inca Corral, con sus visiones del valle de Yanamarca, y en la laguna de Chocón, donde también se avistan parihuanas. La situación cambiaría inesperada y radicalmente en las cercanías de Tunanmarca, los restos de una ciudad del pasado cuya imagen engalana una moneda de colección, aunque su valor histórico parece ser desdeñado. Nadie la estudia. Nadie la investiga.

Brumas, frío, gotas de lluvia en el camino hacia la cima del cerro Pojuipuquio (3890 m.n.m.), donde se erigieron murallas y recintos circulares, son muchos, son tantos y están derruidos y maltrechos. Al ver los bloques de piedra desperdigados sobre el ichu, solo queda imaginar cómo habría sido la capital de los xauxas en su época de esplendor, cuando era habitada por miles de personas entre los siglos XIII y XV d.C.

Tiempo pasado. Hoy son solo dos en Tunanmarca. Raúl, el guía, y aquel personaje que
conocemos muy bien y, como lo conocemos muy bien, nos atrevemos a decir que está convencido de que esas lluvias, ventiscas o granizadas pasajeras que lo persiguen en sus peregrinaciones a los apus y a las llaqtas del Perú milenario, son un reproche, un pequeño jalón de orejas de los dioses andinos.

'No, no es casualidad', eso le ha enseñado la experiencia, eso lo ha aprendido en los caminos con sus lluvias esporádicas y sus recuerdos imborrables, no como las palabras de los políticos en campaña. Esas nunca se cumplen; esas siempre pasan al olvido.

Infodatos

  • El destino: Jauja (3390 m.s.n.m.) se encuentra a 252 kilómetros de Lima. Se accede por vía terrestre (6 horas por la carretera Central, servicios todos los días) y aérea (30 minutos de viaje).
  • Tunanmarca: conocida también como Siquillapucara, la ciudad data del llamado intermedio tardío. Resaltan los canales de conducción de agua, la plaza principal y el templo de Huallallo, la divinidad de los xauxas. En toda la zona arqueológica, solo un par de recintos circulares se mantienen en su integridad.
  • Cómo llegar: Tunanmarca se encuentra en el distrito del mismo nombre, a 10,5 kilómetros al noreste de Jauja, la capital provincial. Existe un camino que acerca a los visitantes al complejo arqueológico. Desde ese punto se camina unos 20 minutos.
  • Los xauxas: esta cultura se asentó y desarrolló en el valle de Yanamarca y en la parte norte del Mantaro, durante el intermedio tardío (1000 a 1460 d.C.).
  • Moneda: El 26 de noviembre de 2013, el Banco Central de Reserva del Perú emitió una moneda de un sol con un grabado de Tunanmarca. Esta es parte de la colección Riqueza y orgullo del Perú.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
INFOTUR PERÚ

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