Jauja: de discos y figuritas Destacado

Es el lado B, como el de los discos antiguos, aquellos que giraban con parsimonia y sonaban gracias a una aguja –digamos mágica– que no servía para remendar, zurcir o tejer... o quizá sí, porque enhebraban notas y acordes en distintos ritmos hasta que el LP o el vinilo de 33 revoluciones se rayaba por culpa del polvo, la humedad o una inadecuada limpieza.

Qué relación tiene la laguna de Paca con el lado B de un disco de vinilo y las figuritas del álbum del mundial. Descúbralo en esta crónica que da vueltas como un disco de larga duración para presentar el principal atractivo turístico de Jauja (Junín)

Es bastante probable que ocurra lo mismo con este relato y no por la acción del polvo y la humedad. La 'rayadura' –digamos textual– sería la consecuencia directa de este inicio con referencias propias de un museo. De mantenerse dicha tendencia en los siguientes párrafos, esta crónica estaría condenada al olvido, como casi todas las canciones grabadas en las otras caras de los discos.

Lo peor de todo es que –digamos en teoría– no hay manera de escapar de esa posibilidad. Me dirijo hacia el lado B de la laguna de Paca, como me atrevo a llamar a las orillas sin restaurantes ni muelles artesanales del principal atractivo turístico de Jauja (Junín), por lo que solo un milagro lograría que mi texto de esa experiencia, se convirtiera en una de esas raras excepciones que terminan por confirmar las reglas.

Si eso ocurriera, el sector sin botecitos que surcan pausada o idílicamente estas aguas de altura, se convertiría en un hit –digamos turístico–. Ese es el reto que debo asumir ahora, por no sospechar que algo extraño tramaba Pedro La Rosa, cuando me propuso salir tempranito, casi casi al despertar del sol y no al mediodía, hora propicia para ponerle sabor a la visita con una trucha bien sazonadita.

Un mal indicio. El primero, no el último. La situación se complicaría cuando mi guía y compañero, le exigió al mototaxista que abandonara el camino principal. El conductor –digamos el cómplice– no tuvo reparos de cambiar de vía o saltar de surco, retornando a las analogías con los vinilos, aunque el objetivo no era escuchar otra canción sino mostrarme desde una perspectiva distinta un lugar que creía conocer.

Paca. Lado B. Despierta el día. Horizonte despejado. Soledad y silencio. Buen inicio –digamos prometedor–. Aquí solo hay sembríos que se extienden hasta la orilla, ese espacio en el que las aguas se juntan a la tierra, debilitándola con sus caricias. Más allá, ni tan lejos ni tan cerca para la inquietud de un ojo avizor, se revelan las estilizadas siluetas de un grupo de parihuanas o flamencos.

Ellas se acicalan, retozan, se alimentan. Comparten las aguas con unos cuantos patillos. "Desde el otro lado no se les ve. No saben lo que se pierden", se ufana y se agranda, Pedro -digamos que hasta saca pecho- antes de ordenar la retirada. 'Al mototaxi mis valientes' para continuar con nuestro recorrido alternativo, mas no ilegal, como esos álbumes mundialistas que contra toda regla comercial tienen más de tres B. Son buenos, bonitos, baratos y bambas.

Y si bien este tema no viene al caso, lo mencionamos por ser de palpitante actualidad. También con la secreta esperanza de que algún lector cansado de sus ya'las, si'las y no'las, le juegue sus figuritas repetidas o sobrantes (de las firmes o de las otras) a este viajero que aún no se anima a empezar su colección. Solo le falta un empujoncito para echarse andar por esa vía de sobrecitos y paquetones.

Su temor –mi temor– es dar ese primer paso. Si lo hago, llegaré hasta el final, completaré hasta la última figurita, con el mismo entusiasmo que le di la vuelta a esa laguna que no tiene lado A ni B. Tampoco es un disco de vinilo, excepto en esta crónica que ya no tiene salvación y definitivamente pasará al olvido, al igual que muchos de los mundialistas que ahora se pegan con harto entusiasmo en las páginas vacías.

Lo que no se olvidará jamás, salvo un grave caso de amnesia, son los paisajes de la ruta tramada por Pedro, aunque si él leyera esta nota dejaría de sacar pecho y frunciría el ceño por los giros impensados de un relato que se pierde en un hipotético intercambio futbolero, en vez de centrarse en los florecientes sembríos de papa y maíz, en las siluetas montañosas o en las casas campesinas de Paca.

Perdón, mi estimado. Me desvié. Es tu culpa. Tú empezaste con eso de ir por otro lado. Así acabamos viendo parihuanas, mientras me contabas que esa vueltita era perfecta para hacerla a pie o bicicleta. Travesía pendiente. A la próxima sin falta y con la promesa de no escribir sobre discos ni álbumes. Me centraré en la laguna y en Jauja, que está allácito nomás. A menos de cuatro kilómetros de distancia.

La primera capital del Perú. El punto de partida para descubrir Tunanmarca, la ciudad prehispánica que habría sido el centro del poder de los xauxas, la cuna de la tunantada, esa danza de enmascarados que se burlan de los personajes coloniales. Sí, retornaré y aunque ya haya estado aquí varias veces, no pensaré en un cromo repetido ni se me ocurrirá decir ya'la, porque mi álbum de viajes y aventuras jamás se llena. Siempre es distinto.

Infodatos

  • La ruta: de Lima a Jauja (3352 m.s.n.m.) por la carretera Central. Tiempo: ocho horas Viaje cono Móvil Tours www.moviltours.com.pe
  • La laguna: compartida por los distritos de Paca, Chunán y Pancán, se encuentra a 3418 m.s.n.m. Tiene una extensión de 21.40 km2 y tiene una capacidad de 85.50 mil m3, según la web Jauja Mi Perú.
  • Contacto: si desea conocer los diversos atractivos de Jauja, busque a Pedro La Rosa en www.facebook.com/pedro.l.manyari

*Un agradecimiento especial a la Municipalidad Provincial de Jauja

Fotos y texto: Rolly Valdivia
INFOTUR PERÚ

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Modificado por última vez en Domingo, 01 Abril 2018 08:47

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