Ica y Pisco: imaginar el presente Destacado

Todo dependerá de la hora. Si usted lee esta crónica el domingo en la mañana, tenga la amabilidad de imaginar que el autor se encuentra en un oasis, entre la calidez de la arena y la sombra incierta de unas enhiestas palmeras; pero, contrariamente a lo que se podría presumir, no está plácidamente desparramado en una tumbona o en una hamaca. Tampoco palpitando adrenalina en un tubular, parapente o tabla de sandboarding.

Dónde el autor se adelanta a los acontecimientos para narrar sus experiencias y reflexiones como observador de aves en la laguna de la Huacachina y los humadales de Pisco (Ica)

De igual manera, es pertinente descartar la posibilidad de que el susodicho esté remando o chapoteando como pato en esa laguna de aguas verdosas que le da vida al oasis. Nada de eso. Desde la madrugada estará abocado a una actividad no muy popular en estas ondulaciones del desierto que, al mismo tiempo, son un refugio de trotamundos y una atracción familiar. Extraña conjunción que le da un cariz particular.

En el desarrollo de dicha actividad que es muy común en otras geografías y destinos, es indispensable ser sigiloso, tener paciencia, mirar con los ojos bien abiertos y, en la medida de lo posible, dejar en el guardarropa las prendas coloridas y estrafalarias. Cualidades y parámetros que no encajan necesariamente con el comportamiento del personaje que le pedimos imaginar en esta mañana dominguera de tamal y chicharrón.

Pero, contradiciendo la evidencia, persiste en su intento de convertirse en un aplicado aprendiz de observador de aves o birdwatcher (para que suene más bonito), algo que ha intentado sin demasiado éxito en diferentes escenarios del país, desde los limeñísimos Pantanos de Villa, hasta la Reserva Nacional Tambopata, pasando por el Santuario Histórico de Machu Picchu, el bosque de Pomac y el cañón de Sangal en Cajamarca.

La lista es mucho más larga. El Perú es el segundo país con mayor número de especies de aves en el mundo, así que los observadores, los verdaderos y los aprendices que aprenden muy poco –y a quien le caiga el guante que se aguante calladito– tienen la posibilidad de admirar, escuchar y fotografiar diversos ejemplares. Eso, precisamente, es lo que nuestro autor y personaje intenta en las orillas y las arenas de Huacachina.

Pero él no está solo en esta aventura al natural. Lo acompañan el fotógrafo conservacionista Alejandro Tello y el biólogo Pablo Merino, autores de la guía Aves de la ACR Laguna de Huacachina, reciente publicación en la que han logrado documentar la presencia de 42 especies en este escenario extraído de las mil y una noche, pero localizado a tan solo cinco kilómetros del centro urbano de Ica, una tierra calurosa con buenos piscos y vinos.

Bajo su tutela y en compañía de los participantes del Taller de Aviturismo, organizado por la administración del Área de Conservación Regional Laguna de Huacachina, confía en avistar al menos a las garzas cuca y huaco, a los colibríes de cora y amazilia, y, también, al gavilán acanelado con sus crías, las especies que, según afirman los expertos, son las más fáciles de observar en este paraje. ¿Será cierto?

Habrá que esperar su retorno para confirmar si consiguió su objetivo primario o si superó todas sus expectativas; por el momento conformémonos con recrear su arenoso periplo y sus intentos por ubicar esa figura alada que Alejandro y Pablo ya identificaron por su nombre científico, su nombre común y hasta por su apodo. Eso es injusto porque cuando nuestro aprendiz logre verla, es casi seguro que el buscado animalito se echará a volar.

Aves del Pacífico

Sí, todo dependerá de la hora. Por ejemplo, si usted lee esta crónica pasado el mediodía del domingo, ya no tendrá que imaginar a nuestro autor en un oasis; más bien, piénselo frente al mar. Eso sí, al igual que en el caso anterior, deseche cualquier pensamiento que lo ubique tendido en una toalla y debajo de una sombrilla. Menos aún, preparándose para retar a las olas con la actitud confiada de un experimentado surfista.

Ni lo uno ni lo otro ni nada que se le parezca. Él continúa en su faceta de aprendiz de birdwatcher, aunque ahora con mucho mayor éxito y suceso. Y es que no hay pierde en los humedales de Pisco. Las aves –residentes, migratorias, también marinas– están por todos lados: en las lagunas de poca profundidad, en el muelle roto, en el verdor de la grama y los totorales. Aquí o allá, cerca o lejos, solas o en grupo. Impresionante.

Cambio de escenario, de provincia, pero no de región. El taller continúa. Pablo y Alejandro no dejan de compartir sus conocimientos y sus preocupaciones. Los humedales no están protegidos. Casi nadie los cuida, Muchos los depredan e ignoran. Qué importa si es el lugar de paso de las aves migratorias que vienen del norte y el sur del continente. A quién le interesa que sean el hogar o el refugio de 74 especies.

Eso no hay que imaginarlo, sucederá de todas maneras. Y como no hay que quedarse callados ni ser indiferentes cuando un valioso ecosistema sufre los embates destructivos de la humanidad, estamos seguro que eso escribirá nuestro autor-personaje-aprendiz que en este instante debe andar renegando contra aquellos que tiran el desmonte y la basura que pone en riesgo a los espejos de agua pisqueños.

Renegará, sí, pero no se sentirá abatido. Todavía estamos a tiempo de salvar estos humedales que limitan con la ciudad de Pisco; tiempo que no se debe desperdiciar ni dejar pasar, para que todo lo imaginado en esta crónica pueda hacerse realidad hoy, mañana, siempre...

Infodatos

  • Teoría y práctica: El taller incluyó una jornada en aula que se realizó la noche del sábado. Fueron tres horas de intercambio de conocimientos en el que el autor y aprendiz mencionado en este relato, aprovechó para hablar sobre El ABC de la crónica de viaje.
  • Huacachina: La laguna y las dunas son los principales atractivos de la ciudad de Ica, pero no son los únicos. Aproveche su visita para recorrer las bodegas y el pueblo de las Brujas de Cachiche.
  • Ignorados: A pesar de su cercanía a la ciudad, los humedales de Pisco no suelen ser visitados por los turistas. Si esto ocurriera de manera seria y organizada, dicha actividad podría convertirse en un dinamizador económico que genere interés por su conservación.
  • El viaje: Visitar Pisco y la Huacachina no es complicado. Hay buses de servicio público a toda hora. El viaje dura 4 horas aproximadamente.
  • Atentos: Si quiere conocer más detalle de esta historia, lea la crónica del próximo domingo.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
INFOTUR PERÚ

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Modificado por última vez en Domingo, 17 Marzo 2019 08:45
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