Inclusión financiera: una de las oportunidades que nos deja la pandemia Destacado

En el discurso a la nación por Fiestas Patrias, el presidente Martín Vizcarra anunció la entrega de un nuevo bono de S/760 para cerca de 8.5 millones de hogares. Esto implicaría un desembolso de S/6,400 millones y buscaría dar soporte a los hogares peruanos más afectados por la cuarentena y su extensión. Tras cuatro meses y medio desde que se decretó el estado de emergencia, 4.9 millones de hogares beneficiarios, han cobrado algún tipo de ayuda económica del gobierno (de un total de 5.5 millones). Sin embargo, la entrega de bonos de manera presencial que, además, coincidió con el pago de otros programas sociales como Pensión 65 y el retiro de los fondos de las AFP, generó aglomeraciones y posibles focos de contagio del COVID-19.

Al respecto, el presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, señaló, durante la presentación del gabinete ministerial en el Congreso, que la baja inclusión financiera es uno de los problemas que se hicieron más evidentes durante la pandemia. Efectivamente, uno de los principales factores que ha dificultado la entrega de los bonos ha sido el bajo nivel de inclusión financiera del país; esto es, el acceso y uso de servicios financieros de calidad en todos los segmentos de la población. Las aglomeraciones observadas y la ausencia de medios de pago digitales han llevado a que se discuta la posibilidad de entregar los bonos virtualmente y la necesidad de implementar políticas de inclusión financiera.

Una alternativa: billetera electrónica

Según la Encuesta Nacional de Servicios Financieros del 2016, elaborada por la SBS, el efectivo es el principal medio de pago empleado por la población. El uso de tarjetas de débito, crédito, internet u otro es reducido, se da principalmente en el ámbito urbano y está orientado a pagar gastos de entretenimiento.

En los últimos años se han hecho esfuerzos para que los peruanos cuenten con herramientas que permitan realizar transacciones financieras digitales. Una de ellas es la billetera electrónica, que permite efectuar operaciones a través del teléfono celular, prescindiendo del uso de efectivo o canales físicos de atención, y, sobre todo, sin la necesidad de abrir cuentas bancarias.

En febrero del 2016, se lanzó al mercado ‘Bim’ -la primera billetera móvil del país- en el marco de la Ley N° 29985, que regula las características básicas del dinero electrónico como instrumento de inclusión financiera. Esta plataforma es operada por Pagos Digitales Peruanos (PDP), una iniciativa conjunta de más de 30 entidades financieras.

Inicialmente, fue diseñada para operar a través de la tecnología Unstructured Supplementary Service Data (USSD), la cual permite el uso del servicio con un celular básico sin necesidad de saldo o de conexión a internet. Sin embargo, la tecnología requería un pago mínimo alto a las empresas operadoras de telecomunicaciones. Por ello, desde febrero de 2019, el acceso a ‘Bim’ es exclusivo a través de celulares smartphones y con acceso a datos móviles. Si bien esto limita el acceso de un sector de la población, la tenencia de smartphones se ha incrementado en los últimos años, aumentando de 8.5% en 2012, a 57.6% en 2018; y en las zonas rurales pasó de 1.8% a 23.7% en el mismo período, según OSIPTEL.

¿Qué retos ha enfrentado la billetera electrónica?

A la fecha existen cerca de 800 mil usuarios y 22 mil puntos de conversión de dinero electrónico de ‘Bim’, por lo que existe espacio para expandir significativamente el uso de las billeteras electrónicas, pero la masificación de este sistema enfrenta algunas limitaciones. Según el Reglamento de Operaciones de Dinero Electrónico de la SBS, las instituciones financieras están obligadas a constituir un fideicomiso para respaldar la emisión de dinero electrónico (a medida que se incrementa la cantidad de dinero electrónico protegido por una entidad financiera, también aumenta su costo).

El éxito de estas billeteras está sujeto a la normalización del uso de dinero electrónico entre consumidores y comercios. La barrera que genera menor uso es la falta de puntos de atención en los que los usuarios puedan convertir su dinero.

Mientras que en Lima y Callao existen 2,526 canales de atención por cada 1,000 km2, en el resto de regiones el promedio es de 91 canales de atención. Además, es necesario que estos puntos estén interconectados con la red de billeteras electrónicas.

Nuevas oportunidades

A raíz de la pandemia, la demanda por servicios financieros digitales se ha triplicado, según la Cámara de Compensación Electrónica. Dados los desincentivos a acudir a establecimientos públicos y la expansión del e-commerce, algunas entidades bancarias han dispuesto medidas como la apertura de cuentas digitales. Además de que los aplicativos Yape, del Banco de Crédito; y Tunki, de Interbank, han habilitado la afiliación sin cuenta bancaria y ahora permiten el registro solo con el DNI.

Para flexibilizar y facilitar el uso de dinero móvil para los usuarios, se requiere que las plataformas de dinero electrónico sean interoperables; es decir que los usuarios puedan realizar transacciones con otros, independientemente de su proveedor financiero. Una opción es centralizar las operaciones a través del Banco Central, como ocurre en México y Costa Rica. Al respecto, cabe resaltar que ‘Bim’ ha sido interoperable desde su inicio, por lo que existen experiencias sobre las cuales avanzar en este aspecto.

Según Carolina Trivelli, ex presidenta del directorio de PDP, en las zonas rurales más alejadas, la entrega de bonos puede darse, como sucede actualmente, a través de empresas transportadoras de valores. En zonas rurales o urbanas donde hay cajeros automáticos, pero no agencias, la entrega puede ser a través de la Banca Celular o puntos de atención del Banco de la Nación.

Una manera de agilizar la entrega de bonos sin poner en riesgo la salud pública es a través de la masificación de herramientas digitales. Las tecnologías para lograr esta expansión ya han sido desarrolladas en los últimos años, mientras que, según expertos, los costos de interoperabilidad entre entidades financieras no serían altos. Además, los beneficios de los pagos digitales se extienden más allá de la crisis sanitaria: como parte de una reforma integral, la inclusión financiera podría contribuir a una mejor administración tributaria e inclusive a facilitar el financiamiento de la protección social.

En esta línea, el Premier, Pedro Cateriano, planteó que, a través del Banco de la Nación y en coordinación con el Reniec, se creará la Cuenta DNI, con el objetivo de que todos los peruanos adultos tengan una cuenta en el sistema financiero, que sea 100% digital. Se utilizaría el DNI como una tarjeta de débito virtual, para ahorrar y hacer transacciones seguras sin contacto.

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